¡ ¡ ¡ É t e r V e r t i d o E n E l P o l e n ! ! !

¡ ¡ ¡ É  t  e  r    V  e  r  t  i  d  o     E  n    E  l   P  o  l  e  n  !  !  !
H e P r e p a r a d o U n a P ó c i m a E s p e c i a l !

domingo, 29 de junio de 2014

E l P o r d i o s e r o . [ G r e e n w i c h t ]




                                      G  r  e  e  n  w  i  c  h  t    (  *  )  



   Debido al mal tiempo, esta Semana Santa me quedé rezagado en la vieja residencia castrense, releyendo mis antiguos volúmenes prohibidos, ahora que mis archipámpanos y comodoros se encontraban ausentes y con ellos el compás de disciplina cotidiana. Al menos, mi claustrofóbica celda, me resultaría algo más infinita y relajante.
       Poco importa mi nombre, empleo, destino y si estoy o no de facción, sabed sólo que algunos me llaman Abrek; y esta noche de Jueves Santo fue en verdad como permanecer en el vientre de la ballena que saboreó a Jonás, totalmente rodeado de agua por la tromba dañina que sacudió el centro de Castellón de La Plana. Me desvelé justo durante la hora más demoníaca -¡La de “Mi Nombre Es Legión” según se lee en San Marcos!- las tres de la madrugada, envuelto en los ensueños del conticinio cuando desde las dos ventanitas ojivales de mi mirador, el espectáculo a pesar de apocalíptico era magnífico. Llovía como si los océanos fuesen a regir en La Tierra, persistiendo en su intensidad con una vehemencia frenética -nada visto con anterioridad- desde un cielo blancuzco y enojado. Allí, junto a las jambas de mis ventanas gozaba hipnotizado. De repente vi la elongación, era cual grueso rayo láser entre el aguacero que seguía la dirección de Norte-Sureste. Su color era nacarado y caía rompiendo con frenesí todo el telón anchísimo y vasto de lluvia, produciendo la ilusión óptica de que evaporaba la masa borrascosa estableciendo un angosto e ilimitado surco entre aquellos precipicios de agua. Físicamente el fenómeno era un ciclópeo látigo elástico de luz viscosa, ambarino, de la textura de la resina, o igual que referí líneas atrás, de nácar, castigando el asfalto con brío inmisericorde. Nunca he tenido noticia desde La Meteorología de algo semejante. Sensibilizado por incontables augurios, mi recuerdo voló al día anterior, miércoles, cuando paseando por el casco antiguo en la calle Colón, todos los que nos distraíamos a primera hora de la mañana, pudimos ver los más de cuatrocientos estorninos muertos por sus aceras céntricas. No encuentran explicación tampoco para la muerte súbita de esas aves, si bien en este suceso ya había casuística anterior en Nebraska de Estados Unidos, hace algunos años. Realmente están aconteciendo cosas extrañas y lo que estaba presenciando en mi celda castrense con el diluvio relatado no pronosticaba nada halagüeño. No conseguía despegarme de los cristales romboidales viendo la fortísima sacudida del proceloso firmamento, como mar anegado de remolinos y oleaje provocado por los invisibles hecatónquiros de Madre Natura. El látigo blanquecino se desvaneció contra la ciudad, dejando sobre todo en el asfalto un rastro casi sólido, pero evanescente por momentos con fosforescencias de fuego fatuo y energizando con una carga eléctrica la plaza a los pies de nuestra residencia decrépita, buscando su propio naufragio en esta naumaquia que atónito había presenciado. Al cabo de un paréntesis de tiempo incalibrable, la tormenta ensombreció “in crescendo” mi madrugada penitencial y no conseguí ver nada más, retirándome a descansar tras el husmillo de Morfeo.
       Al día siguiente repuesto de mi pasada nocturnidad bíblica tras el desayuno, marché al libre albur al centro a empaparme del carisma de Viernes Santo. Llegué descuidado al parque y al acercarme al huecograbado erigido en homenaje a Pierre Mechain, el geógrafo del siglo dieciocho responsable de la medición del meridiano terrestre(cuyos restos mortales descansan en el camposanto del calvario en Castellón de La Plana) observé a un pelafustán tiñoso depositando circunspecto un estornino muerto y una vela encendida en inusitado ritual como si fuese un óbolo o rogativa a un santo al pie del citado monumento a Mechain. Al sentir mi presencia se giró y vi sus ojos prevenidos estudiándome. Tenía miedo, pero incomprensiblemente también trasmitía terquedad y certeza. Dijo así:
                 -No aplacará mi ofrenda la ira de La Tierra.
Yo, desde luego no deseaba hablar, pero algo me empujó a hacerlo.
                 -¿Por qué enciende ese hachón al astrónomo?
Sus ojos estaban desorbitados porque sabía que compartía su miedo.
                 -Para que lo sujete por la empuñadura. Al Meridiano Cero.



Cada instante estaba más sobrecogido y pensando en marcharme cuanto antes al ver la patente enajenación del pordiosero.
                 -Ese hombre murió a principios del siglo diecinueve. Creo que no es usted sensato. ¿Se encuentra bien?
                 -Y nosotros –prosiguió apocalíptico y ecuménico a la par-continuaremos viviendo en las retículas terrestres que algunos sabios como él consensuaron. Es lo único que se me ocurre para apaciguar la magia telúrica que cae como ola redentora.
       No había nadie más en las inmediaciones y aunque el tono preventivo y docto de mi interlocutor me serenó en parte, aligeré el paso y apremié mi fuga (no fuese que a última hora transigiera en ejecutar conmigo un holocausto humano a Pierre Mechain)
                 -¡Fuera de Castellón de La Plana estos días si no desea acabar como mi estornino!-clamó a lo lejos desde el desierto mental de su insania.
       Eso fue durante El viernes Santo por la mañana. El vagabundo tenía  aspecto a pesar de su desaliño, de cura repudiado; quizá fuera el fantasma de la torre de la concatedral donde antaño resguardaba el aljube –la cárcel de clérigos del Reino- Cuando a la altura del estanque de patos me volví a mirar, ya no quedaba ni una pista de él.
       Estaba viviendo La Semana Santa más anómala en bastante tiempo. No desaparecía el desasosiego que había hecho presa en mi y no podía buscar mecanismos de evasión espiritual. Tampoco olvidaba la experiencia del diluvio nocturno (del que por cierto no quedaba ni rastro de no ser por el nutricio aroma a naturaleza empapada y algo de humedad en las aceras. Solía llover por las noches y al galicinio) ¡Luego aquella cinta luminosa que se despeñó desde la tormentosa bóveda sidérea cual precinto que sujetara alguna potencia inabarcable! No tuvo relevancia el resto del día, que lo empleé en estos solipsismos dramáticos y en el ayuno preceptuado  en la soledad de la residencia y  así Gracias a Dios Nuestro Señor Rey de Los Ejércitos, amaneció El Sábado Santo.
       No tuve mejor ocurrencia  en mi trastornado fin de semana que visitar una exposición sabatina  sobre “El Innombrable:  Dibujos alusivos a La Cosmogonía creada por Howard Philips Lovecraft”[¡¡Otro de mis grandes gurús de La Literatura Universal!!] que estaba instalada en La Lonja del Cáñamo. Allí, rodeado de monstruos tentaculares y Hongos de Yuggoth –y cantando “Quiero ser como Lovecraft” de La Monja Enana (uno de mis grupos electrónicos favoritos)- acabé por ahogarme en un horror profundo y lacerante. Decidí volver a la residencia y a mi cubículo castrense antes de que explotara otra vez la tempestad que tanto se estaba prodigando estas vacaciones y que amenazaba la ciudad entera desde El Desierto de Las Palmas; el resguardo de mis volúmenes privados sería un buen abrigo ante el desvalimiento.
       El Domingo de Resurrección acudí a misa a San Agustín y fue al finalizar la ceremonia cuando saltó en corrillos la noticia: Siete personas halladas muertas temprano en la avenida de Capuchinos. Según contaban el espectáculo era macabro pues se mostraban asaz calcinadas y pegadas al muro del antiguo convento abandonado. No hubo testigos y todos perdieron la vida al mismo tiempo, como si sobre ellos se hubiera desplomado un cable de alta tensión fulminándolos en breve lapso. No tenían relación entre ellas y estaban sensiblemente separadas unas de otras, simples transeúntes anónimos que coincidieron por las aceras de camino a citas dominicales. Evoqué la noche torrencial vivida de Jueves Santo y  la agorera elongación de luz que conformaba la grandísima cinta Norte-Sureste -¡el mismo sentido que la disposición de la avenida de Capuchinos!- arrojándose en mitad de la deletérea borrasca. Simultáneamente la imagen del pordiosero astrólogo chiflado y sus palabras acudieron a mi recuerdo:
                 -¡Fuera de Castellón de La Plana!
       Aligeré el paso en dirección al parque y al emplazamiento del Homenaje a Pierre Mechain. No hallé a quien estaba buscando. Todo desierto de paseantes. Pero comprendí. Lo tenía delante de mi. El Meridiano Cero y quien lo calibró, el astrónomo francés. Una mera línea asentada por convención e inexistente en su materialidad se combaba asistida por desconocidas fuerzas sobre la ciudad fustigándola, camuflándose con la lluvia torturadora de estos días-las personas no ven más que agua- con el único objeto de producir un aviso, aderezado con miedo y violencia atávica, y que por desgracia, ni siquiera con esa magnitud escatológica y postrera fuese verificable por nadie. Las fuerzas naturales están crispadas y desean soslayar el mal trato que les dispensamos  quienes disfrutamos en Este Valle de Lágrimas del Planeta irresponsablemente. Ninguno se fija, excepto el inverosímil vagabundo-mendigo que velaba junto a la efigie de Mechain y que había advertido el primer signo: La inmolación de los estorninos. Por mi parte, por un extraño azar o coordenadas irrepetibles fui testigo durante la tormenta más fuerte y decisiva de toda La Semana Santa de otro indicio preternatural, aquella luz filamentosa y letal hecha materia -¡Oh Meridiano Ejecutor!-segando la lluvia y pirograbando la calzada. ¡¡Penitencia de Disciplinas quebrando el lomo de La Humanidad, eso es El Meridiano Cero!! ¡¡¡De esta procesión sacrificadora acaso no escapemos de desfilar y recibir la condena!!! Y por último, algunos urbanitas que eran peatones mañaneros en la llovizna, fueron ofrendados. Son Los Signos hasta donde puedo comprender.
       Estoy haciendo la maleta a estas horas de la noche en la celda, mañana temprano me voy tras la misión de mis archipámpanos y comodoros. No me va a dar ni tiempo para acudir a ver el huecograbado de Pierre Mechain y disponer un par de hachones, pero debería. Al fin y al cabo, peor podría devenir esta tribulación, de no ser porque Anónimos velan por nosotros (tal y como he comprobado personalmente) y ofician primigenios ritos, que bajo apariencia de insania, son antídoto para algunas determinaciones telúricas.
       Miro con prevención e incluso admirado en esta ocasión a través de la lluvia que se ha vuelto a desatar junto a la plaza Castalia. Ahí está, paseando camuflado y sin embargo relevante. Desapareciendo.
También sobrevivirá al díscolo designio del Meridiano de Greenwich.

El Pordiosero.




(  *  )   :   Este término es correcto , , , ,lo que pasa es que es un juego de palabras.






jueves, 26 de junio de 2014

A n a M a r í a M a t u t e .





"Si en algún momento tropiezan con una historia, o con alguna de las criaturas que trasmiten mis libros, por favor, créanselas. Créanselas porque me las he inventado"      A n a  M a r í a  M a t u t e .


                         [Fragmento del discurso de aceptación del Premio Cervantes.
                                                    27 de Abril de 2011 ]



Sin duda, en mi fecundo cerebro, estoy celebrando los funerales vikingos que tu personalidad y tu recuerdo merecen, en un océano hecho a tu medida y más infinito que ningún otro, donde hasta la misma agua está animada de personificaciones y argumentos en Tu Honor.







Fotos tomadas de Mi ABC de Hoy.

miércoles, 25 de junio de 2014

¡ T r o l E n t r e N i e v e D e P e l o !




Hoy un gigante me ha mostrado su cara melancólica y he entrevisto un trol entre nieve de pelo.

Y yo, compongo esta entrada   I n   M e m o r i a m   de mi poetisa predilecta (en tanto que sensible escritora)    A n a     M  a  r  í  a   M a t u t e  . A quien tanto leí y leeré.  [¡¡En septiembre aguardo su novela inconclusa.Se me hacen los dedos huéspedes!!]  ¡Qué orgullo, que fue de los primeros libros que proporcioné a mis hijitas!  Era como una abuelita más de la familia. Estaba en Toda  Mi Familia. 

No soy mucho de responsos, pero Ana María Matute era Mucha Señora.

Así pues, Descanse en Paz.    A m é n .

martes, 24 de junio de 2014

C a r r e t e r a H a c i a D i o s .

Después de tener una amplia experiencia en paisajes con karma, tras mucho ......



......pedalear.....


...sé por donde se enfila para La Gloria ! ! ! ! ! ! !  . . . . 



viernes, 20 de junio de 2014

¡ S í !



Hoy asciendo hacia K  u  y  p  e  r  r   mi quark predilecto, no por nada concreto, por buscar inspiración para un soneto insuperable, o por la perfecta historieta de miedo, acaso por hacer deporte ¡tampoco!
En mi deliciosa celebración, lo hago y contemplo el hacerlo en toda su prosopopeya y pleonasmo, como gesta ofrecida por ser HOY

¡¡¡¡¡¡¡ Mi décimo quinto aniversario de boda!!!!!!!


Por Ella, Por mi Amada Esposa, van estas líneas épicas cerca de La Corona Boreal, rumbo a 

K u y p e r r .

Y estos días que vienen hasta el lunes


Juerga!!!!!!!

Que por cierto, se dice igual en todos los planetas.


Salve Atque Vale!!!!!




Post Scriptum: La imagen no es mía, eso quisiera Yo. Está tomada de La Red.

viernes, 13 de junio de 2014

L u n a L l e n a D e V i e r n e s T r e c e . . . .



Servidor y La Luna Llena de Hoy :  ¡¡¡¡Esto Es Vida!!!!
Sirva pues como Mi Vela de Armas Mensual en mitad de La Solitaria Serranía...