¡ ¡ ¡ É t e r V e r t i d o E n E l P o l e n ! ! !

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H e P r e p a r a d o U n a P ó c i m a E s p e c i a l !

sábado, 20 de mayo de 2017





Como surcos de un viñedo ondulaban sus sentimientos, lloró, rió; y quedó estupefacto al ver en el redil abandonado del encinar a siete dríades -las ninfas de esos árboles - danzando el antiquísimo bullicuzcuz, que cuentan en la aldea, suele bailarse cuando se aparecen a algún mortal por ellas considerado en sus designios.
Ya no estaba confuso por el yermo que había heredado de su abuelo, el que nadie de la familia habría querido por ser la peor disposición del testamento; resulta que una magia telúrica anegaba esos sembrados.
Las deidades en pleno tripudio sin parar de girar, vertieron de un cuerno de carnero desacostumbradamente grande, un chorro generoso de vino bermejo, muy perfumado en los caballones de tierra seca. El resto se lo lanzaron para que libara, cosa que hizo para lograr algo de la templanza extraviada. Mientras degustaba el más exquisito vino que jamás probó, observó atónito cómo emergían de aquellas arcillas una docena de rubíes del tamaño de una pera.

Y entonces, mientras el mozo los recogía en su zurrón y las ninfas hamadríades desaparecían sin detener su hipnótica danza, él volvió a reír, llorar, con sentimientos que refulgían como las aristas de sus piedras preciosas.


(MIcrorrelato)

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